Churros de La Candelaria

Entre las esquinas de La Cruz de la Candelaria y Miguelacho, un local después del Pool de Los Primos en dirección a la Avenida Mexico, se encuentran dos inmigrantes españoles con baticas azul clara, la señora con un pañuelo amarrado en la cabeza y el señor con una cadena plateada que sobresale de su camisa casi transparente por el continuo uso.

El local no tiene nombre, solo se que se la pasa repleto de gente, bueno de la poca gente que puede entrar porque se trata de un local extremadamente pequeño, donde venden Chocolates y Churros.

El chocolate es preparado por la señora María Jesús en la cafetera Afimeca. Hierve el agua donde después de diluirá el secreto de la casa, un excelente chocolate caliente y bien espeso.

Mientras María Jesús preparaba el chocolate, Pepe le daba vueltas a la manilla que se encuentra a un lado del pistón que inyecta la masa que cae en el caldero negro donde hay aceite a una temperatura inimaginable.

Pepe con la ayuda de una larga vara también ennegrecida por la faena diaria, comienza a moldear los gruesos churros sin dejar de dar vueltas a la manilla del pistón. El caldero ya tiene una larga y ardiente espiral flotando. Pepe deja de bombear la mezcla y se dedica a darle vuelta hasta que quedan dorados. Los voltea con la ayuda de la vara y un viejo tridente de mango negro.

Una vez que el espiral está en su punto, sale del aceite hirviendo a un mostrador de vidrio de dos pisos. En el primer piso, el grande están solo el espiral que es cortado rápidamente por Pepe que esgrime en su mano una plateada y también ennegrecida tijera Singer de las más grandes.

En el segundo piso del mostrador hay cesticas azules con papel encerado donde son servidos los churros.

Cuando Pepe termina el corte y añade el azúcar con una gran frasco de vidrio, comienza la algarabía. Los niños que están sentados en los banquitos giratorios de la barra son empujados por los adultos que quieren saborear aunque sea un par de los sabrosos churros de La Candelaria.

Este no es uno de mis cuentos de ficción sino era la escena que veía los domingos o a veces los días de semana cuando mi mamá nos llevaba a el lugar de “los viejitos” a comer churros. El local creo que hoy en día es una venta de bisutería, pero hace unos años, era uno de los más famosos de La Candelaria. Alguno lo recuerda?
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